MUSICA Y CINE: “LUCES DE LA CIUDAD”, C. CHAPLIN, 1931 (I)

0 Posted by - 6 febrero, 2014 - BANDAS SONORAS, CINE, HISTORIA DE LA MUSICA, HISTORIA DEL CINE, POP CULTURE

Ayer, 6 de febrero, se cumplieron 75 años del estreno de “Luces de La Ciudad”. Desde aquí nuestro pequeño homenaje a esta genial obra de arte recordando una de sus secuencias más memorables: el encuentro entre el vagabundo y la chica.

La música ocupa un capítulo muy especial en su historia. Se trata del cuplé “La Violetera”, compuesto por  José Padilla en el año 1914, que llegó a oídos de Chaplin a través de la cantante Raquel Meller, una popular intérprete española que dio a conocer este y otros cuplés por medio mundo. La canción fue adaptada por Chaplin para convertirla en una de las primeras y más conocidas bandas sonoras de la historia del cine. La melodía es el leit motiv que acompaña a la encantadora pareja en los distintos momentos en los que se encuentran y ayuda a establecer la química amorosa entre ambos. Este recurso, recuperado de la tradición del teatro musical, la ópera, la zarzuela…, acabaría convertiéndose en uno de los más utilizados en las bandas sonoras hasta el día de hoy.

Luces de la Ciudad se estrenó en 1931, convirtiéndose en la primera obra de Chaplin después de la irrupción del cine sonoro, un momento crucial en la historia del cine, en que la evolución tecnológica transformaría definitivamente la fisonomía de las creaciones cinematográficas. Como se sabe, Chaplin en su particular lucha frente a las talkies mantuvo a sus personajes mudos y  y lo único que añadió fue la música. El score cobra así una importancia máxima, y se convierte en un elemento comunicativo de primer orden, sustituyendo el dialogo verbal de los personajes y añadiendo además el componente emocional.

Chaplin nunca acreditó a Padilla como autor, apareciendo él en los títulos de crédito como único compositor. Muchos años después, un juicio dio la razón al autor de “La Violetera”. Como curiosidad diremos que se trata de una de las secuencias de las que se han hecho más tomas de toda la historia del cine, 342 para estos escasos 3 minutos. A pesar de la aparente naturalidad de la escena, todo en ella está absolutamente coreografiado. Además es uno de los ejemplos más universales de la síntesis narrativa y de la economía de medios.

Pocas veces el cine contó tanto con tan poco.

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